Rodearse de personas que sacan lo mejor de ti, ese es el secreto.

Piensa por unos segundos qué es lo que más abunda en tu día a día…

La queja, las discusiones, los enfados, el victimismo, la intolerancia, la resignación, la crítica no constructiva, creer ciegamente que los demás se equivocan, ver a los demás como competencia o enemigos…

O por el contrario, abunda el agradecimiento, la aceptación, responsabilizarse, entender y respetar que cada uno ve las cosas desde el punto donde se encuentra, el ayudar y dejar ser ayudado desde la humildad, que tus creencias y pensamientos evolucionen contigo…

Si abunda lo primero, es fácil que te sientas tenso, frustrado, incomprendido, resignado, sin energía… Porque nada desgasta más que aquello que te resta tranquilidad y sientes que no puedes cambiar.

Se decía al principio de la pandemia, que esta bofetada que nos estaba dando la vida, nos iba a cambiar.

No me pararé a analizar si como sociedad hemos cambiado, porque puede haber opiniones dispares dependiendo de dónde pongamos el foco.

Lo que si tengo claro, es que algo en mi ha cambiado, y cada vez soy más consciente del poder que tengo de cambiar aquello que no me gusta, o al menos, la actitud con la que lo enfrento si no puedo cambiarlo. Cuando eres más consciente de lo que quieres y lo que no, eres capaz de tomar más y mejores decisiones.

Me siento agradecida por haber estado durante estos meses acompañada (virtualmente) por personas increíbles, que a pesar de la situación, han sido de inspiración y han ayudado a otras personas a seguir creciendo, a sacar lo mejor de si mismas y a no temer a los cambios, sino saber aprovecharlos.

Dicen que lo malo siempre se pega, pero yo soy de las que piensa que lo bueno también.

Así que… si queremos más personas así en nuestra vida, por qué no comenzar por ser una de ellas? 😉

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